DESCONCIERTO, INSEGURIDAD, MIEDO… LOS TEMAS

Sin haberlo concertado, cada quien por su lado, todos coincidimos en estos temas, todos hemos escrito sobre ello y todos publicamos en la misma fecha nuestros editoriales. Diego Petersen Farah, Margarita Zavala, Cuaúhtetemoc Cisneros Madrid y Alvaro López Tostado, tres de ellos desde las columnas del Informador y un servidor desde mi propia columna en #EdicionesICONO

Por: Alvaro López #MundosDigitalesICONO.- Nos une la mexicanidad solamente… tenemos puntos e intereses diferentes, cada quien a su escala estamos con diferentes visiones y misiones. Es una coincidencia que cada uno de los mencionados estemos expresando temas que en nuestras reflexiones nos obliga a exhibir ante nuestras audiencias circunstancias que nos laceran. De Poder a Poder Cuauhtémoc Cisneros nos expone el tema “Desconcierto abate la humanidad”. En una columna invitada el rotativo El Informador Margarita Zavala escribe “Rescatar a México del miedo a la inseguridad”. Y en su columna EN TRES PATADAS Diego Petersen Farah nos exhibe “Miedo, odio, Ignorancia”…

Hago extractos de cada uno de los contenidos y los exporto a nuestras columnas las cuales conforman un poker de cartas en un juego que hoy mediáticamente está en miles de pensamientos que nada podemos aportar a favor de una solución conjunta como lo mencionamos en otras columnas como las de Lorenzo Meyer este mismo día en nuestros BLOGS y Redes Sociales. Auch… algo sucede que nos une por lo menos en pensamientos

Saludos desde http://AltaCorporativo.com/

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GUILLERMO ORTEGA RUIZ PRESENTE EN GDL 2015

GUILLERMO ORTEGA RUIZ PRESENTE EN GDL 2015

GUILLERMO ORTEGA RUIZ PRESENTE EN GDL 2015

GUILLERMO ORTEGA RUIZ PRESENTE EN GDL 2015

GUILLERMO ORTEGA RUIZ PRESENTE EN GDL 2015

GUILLERMO ORTEGA RUIZ PRESENTE EN GDL 2015

GUILLERMO ORTEGA RUIZ PRESENTE EN GDL 2015

Para las grandes audiencias de la televisión el periodista Guillermo Ortega Ruiz dejó de estar presente hace más de quince años. Su salida de Televisa le desvanece. Hoy Guillermo Ortega activo periodista todos estos años en proyectos que incluyen televisión y radio no ha dejado de estar presente, quizá con intensidades distintas pero siempre a favor de un periodismo informativo, conductor, crítico y valiente.

El Diario NTR nació con el propósito de cubrir el espacio que otros medios decidieron dejar libre. Surgimos con el anhelo de ser la opción de los lectores que no se conforman con la información superficial, sino que desean ir al fondo. Nuestro equipo comparte la convicción de que puede ejercerse un periodismo crítico, pero reflexivo; apartado del sensacionalismo; riguroso y veraz en la narración de los hechos, plural e incluyente en su vertiente de opinión; en una palabra, un periodismo confiable.

GUILLERMO ORTEGA RUIZ PRESENTE EN GDL 2015

GUILLERMO ORTEGA RUIZ PRESENTE EN GDL 2015

GUILLERMO ORTEGA RUIZ PRESENTE EN GDL 2015

GUILLERMO ORTEGA RUIZ PRESENTE EN GDL 2015

GUILLERMO ORTEGA RUIZ PRESENTE EN GDL 2015

GUILLERMO ORTEGA RUIZ PRESENTE EN GDL 2015

Annus Horribilis… Enrique Toussaint

ANNUS Horribilis desde EL INFORMADOR

ANNUS Horribilis desde EL INFORMADOR

Analista Enrique Toussaint

Analista Enrique Toussaint

Enrique Peña Nieto llega a su Tercer Informe de Gobierno, el punto intermedio de su administración, con bajísima popularidad

GUADALAJARA, JALISCO (30/AGO/2015).- Primero de septiembre de 2014: Enrique Peña Nieto abre su segundo informe de Gobierno con promesas que dan crédito de la fiebre del momento: un nuevo aeropuerto en la Ciudad de México y el comienzo de las obras del “tren bala” entre la capital y Querétaro.

Entre ambos proyectos, el Presidente estaba dispuesto a desembolsar más de 200 mil millones de pesos del presupuesto federal. Era el tiempo del “Saving Mexico” y las portadas de los diarios internacionales que retrataban a Peña Nieto como un gobernante pragmático, responsable y reformista. Pocos nubarrones en el horizonte, el plan de vuelo de la Presidencia se desarrollaba conforme a lo previsto. Los Pinos se movían en niveles de 60% de aceptación y la oposición guardaba silencio ante la “eficacia” del Gobierno priista.

Todo cambió en un año. Todo se desmoronó en un año. Ese Gobierno eficaz y pragmático se esfumó para dar paso a un Gobierno incapaz y bajo sospecha. El reformismo, la bandera política del peñanietismo, dejó de ser el centro de atención de la opinión pública. Tras Ayotzinapa o Tlatlaya, las reformas lucen como piezas repletas de frivolidad, extravíos que no atienden el centro de los problemas nacionales.

¿Qué hace el Presidente hablando de competencia en el mercado de telecomunicaciones o de ajuste a la estructura bancaria del país, si no es capaz de evitar que los policías asesinen estudiantes normalistas? ¿Cómo vender un “nuevo país”, cuando la penetración del narcotráfico llega a las mismas narices del Estado? ¿Cómo creer en el proyecto modernizador de un Presidente que no logra contrarrestar las dudas sobre la relación de Los Pinos con empresas como Grupo Higa?

Tras la Casa Blanca, Ayotzinapa, Tlatlaya y más escándalos, el Presidente se escondió en eventos “corta-listón”; en giras interminables por el mundo, y en mensajes a la nación sin cuestionamientos. Ningún medio nacional pudo hacerle una entrevista al Presidente en el último año. Ya no digamos entrevista, ni siquiera accedió a comparecer en ruedas de prensa. Con el temor de empeorar la situación, Peña Nieto se aisló, dejó escándalos sin resolver y decidió ser un espectador de primera fila ante el derrumbe de su imagen.

La Casa Blanca fue el golpe más letal. Ya no hablamos de corrupción en el Ayuntamiento de Iguala o moches para un diputado, sino de conflicto de interés en el círculo más cercano al Presidente de la República. La narrativa entera del peñanietismo se desplomaba cuando se acumulaban los casos de sospecha de conflictos de interés en el gabinete presidencial, involucrando a su mano derecha, Luis Videgaray, y a su mano izquierda, Miguel Ángel Osorio Chong. A la impopularidad repentina de las reformas y a los escándalos por la violación a los derechos humanos, Peña Nieto añadía una más: la duda sobre la limpieza ética del Presidente. Un punto de inflexión innegable.

Año en escándalos

El tercer año de Enrique Peña Nieto en Los Pinos marcará un hito de la historia política del país. No sólo por la dificultad de encontrar casos de tan repentino derrumbe de la credibilidad en un Gobierno, sino por el extravío de un proyecto de país, que gustaba a algunos y a otros no, pero que tenía atisbos de rumbo. De acuerdo a las encuestadoras públicas más connotadas del país, en un año, el Presidente ha perdido un promedio de 19 puntos en los barómetros que miden la aceptación de su Gobierno. Un punto y medio por mes, casi dos millones de simpatías menos cada mes. O si lo queremos ver de otra forma: 23 millones de mexicanos que dejaron de creer en el proyecto presidencial entre agosto de 2014 y agosto de 2015.

A tres días del Tercer Informe de Gobierno, la popularidad de Peña Nieto navega entre los 34 y 39 puntos de aprobación, la más baja de la democracia mexicana. Y de acuerdo a los datos de Reforma,  entre los líderes, como denomina dicho periódico a un conjunto de empresarios, académicos y referentes de opinión, la aceptación sobre la labor del Presidente cayó a 14 por ciento, perdiendo 70 puntos en año y medio.

La Presidencia vive una “tormenta perfecta” y parece no tener Plan B. Ante el descrédito producido por una investigación incompleta sobre Ayotzinapa, los recientes hallazgos por parte del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín pro Juárez sobre Tlatlaya, la exoneración al Presidente por parte del Secretario de la Función Pública en el caso de la Casa Blanca y las revelaciones del periodista Carlos Loret de Mola de presuntas ejecuciones extrajudiciales en Tanhuato, la Presidencia luce pasmada. Pocos creen la versión oficial.

Y para rematar, la fuga del “Chapo” retrató a un Gobierno incapaz de mantener al criminal más buscado del mundo tras las rejas. Lo más grave es que no vemos a un Presidente luchando por recuperar la credibilidad perdida. La puesta en escena en donde el secretario de la Función Pública “exonera” al Presidente fungiendo como su abogado defensor, y no como un contralor que nos defiende a todos los mexicanos, es la prueba más fehaciente de la renuncia presidencial a recuperar la credibilidad. Tampoco los cambios en el gabinete buscan recatar algo de confianza, sino la profundización de la tendencia hacia un gabinete hermético y de leales a Peña Nieto.

Y si bien las crisis son coyunturas a las que tiene que enfrentar cada Gobierno, la reacción habla mucho de su capacidad política. Si tomamos el caso de la FIL, mundialmente conocido porque el Presidente no pudo decir los tres libros que marcaron su vida precisamente en la fiesta más importante de los libros en castellano, bien podríamos hacer un paralelismo con la situación política por la que atraviesa la Presidencia. La falta de “reflejos” y su incapacidad para improvisar un guion tras el cambio de vientos políticos en el país, no es más que la prueba fehaciente de un Gobierno que sigue replicando las fórmulas fallidas del pasado.

Hoy, el fantasma de la Casa Blanca sigue pesando en la opinión pública. Este Gobierno no ha sido capaz de “cerrar”, con argumento y justificaciones, ninguno de los frentes abiertos que tiene en el horizonte político.

EPN

EPN

Año sin resultados

No sólo los escándalos minaron la credibilidad presidencial, los resultados de Gobierno no se ven por ningún lado. Dice Manlio Fabio Beltrones, en una entrevista que concedió a Leo Zuckermann, que “lo que espera la gente del PRI es resultados”, no otras cosas. Fue también la narrativa de Peña Nieto: ante la inexperiencia panista, ofreció eficacia. Sin embargo, los datos en prácticamente todas las materias son indiscutiblemente malos.

Comencemos por la economía. Los resultados de Coneval que miden 2013 y 2014, años en los que Peña Nieto ya despachó en Los Pinos, muestran el rotundo fracaso tanto de la Cruzada Nacional contra el Hambre como de Prospera. Dos millones de pobres más, de acuerdo a las cifras de Coneval, y un repunte de la pobreza por ingresos. Lo mismo lo vemos en la Encuesta Nacional sobre Ingresos de la Hogares (ENIGH), elaborada por el INEGI: caída progresiva del salario y del poder adquisitivo de los mexicanos. Sintetizando: durante los primeros tres años de Peña Nieto, dos mil 700 mexicanos cayeron en pobreza al día, y el ingreso de los mexicanos cayó 3.5 por ciento durante 2014 (el único segmento de la población que creció sus ingresos fue el 10% más rico).

En materia de crecimiento económico, los resultados del sexenio son aún más negativos que la de ya por sí tendencia depresiva de la economía mexicana. Durante los dos primeros años de la actual administración, la economía creció a ritmo de 2 por ciento anual. En 2013, la economía alcanzó un bajísimo crecimiento de 1.4 por ciento, mientras que en 2014 la cifra fue de 2.2 por ciento. Y de acuerdo a los datos del Banco de México (Banxico), en 2015 el crecimiento se situará entre los dos y los dos puntos y medio. Una tendencia de crecimiento por debajo de Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón (éste incluso con la gran recesión de 2009).

Y no sólo el crecimiento ha sido raquítico, sino que la distribución del ingreso refuerza la tendencia hacia la concentración en 1 por ciento de la población o en el decil más rico del país.

La inseguridad muestra algunos claroscuros. Los datos sobre homicidios que publica el INEGI marcan una tendencia hacia la disminución desde el 2011. El registro nacional pasó de 23 mil 63 homicidios en 2013 a 19 mil 669 en 2014. Una caída de los homicidios nada despreciable de 18 por ciento. Sin embargo, de acuerdo a los datos que publica el Sistema Nacional de Seguridad Pública, la tendencia al declive se detuvo y ha comenzado un repunte en 2015, prácticamente en cada mes.

Asimismo, es innegable que existen focos rojos que siguen impactando la credibilidad de la estrategia de combate a la inseguridad: Guerrero, 48 homicidios por cada 100 mil habitantes; Chihuahua con 46; e incluso el Estado de México con casi tres mil homicidios durante 2014 (el 15 por ciento del total del país). A estos datos hay que añadir los múltiples escándalos en los que han estado envueltas las fuerzas federales y la milicia en Tlatlaya, Tanhuato, Apatzingán e Iguala.

Así llega Peña Nieto a su tercer discurso sobre el Estado que guarda la nación. No sabemos cuál será la narrativa de su intervención, sin embargo Peña Nieto ya no enfrenta solamente a la oposición o a los medios de comunicación críticos. La batalla del Presidente es por recuperar la credibilidad perdida.

Los resultados de la segunda parte de su administración, tanto en materia económica como en materia de seguridad, son fundamentales, pero ya no son la métrica desde la que su sexenio será juzgado. El problema del Presidente es eminentemente político, ni siquiera de eficacia, es de falta de confianza. Desaprovechó la investigación de la Casa Blanca por parte de la Secretaría de la Función Pública y tampoco pudo recuperar credibilidad con los cambios en su gabinete. Seguramente el Presidente agradecerá que se acabe el que es el peor año de su trayectoria política.