Los Periodistas RODRIGO DE LLANO

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Rodrigo de Llano
“Maestro de periodistas”

Hizo muchos amigos, sin tener jamás la enemistad de nadie. Fue sordo al canto de las sirenas y no uso la tribuna del periódico fue el blasón de su conducta, penacho luminoso que elevó con categoría indiscutible el nombre de Rodrigo de Llano al nivel de los más ilustres periodistas contemporáneos, sus pares en México y en el extranjero. Por ello hizo opinión y tuvo y retuvo la confianza del público. Nacido el 5 de abril de 1890 en Monterrey, N. L., tenia dieciséis años cuando publicó su primer artículo en el diario Monterrey News, el 15 de marzo de 1906. “Desde entonces-dice Roque Armando Sosa Ferreyro en su libro Huellas en el tiempo. Reportajes y crónicas de Rodrigo de Llano (1976) –definió la vocación de servir a sus semejantes y luchar por la verdad, la justicia, los derechos humanos y las libertades todas, como lo hizo hasta el final de su existencia”.

De Llano trabajo en los diarios capitalinos El País y El Imparcial (1907), donde fue jefe de redacción. Edito el semanario El Heraldo en Nueva York (1914-1917). En 1917 fue nombrado corresponsal en Washington del diario Excélsior, el que condujo de 1924 a 1929, antes de ocupar formalmente el puesto de director general (1931-1963). En 1943 recibió la Medalla María Moors Cabot, de la Universidad de Columbia.  Salvador Loredo Torres dice en Algunos apuntes sobre la vida de Excélsior que De Llano “fue maestro de periodistas” y desempeño el cargo de director general “con honestidad y sabiduría”. Bajo su administración nacieron las dos ediciones de ¿Ultimas Noticas de Excélsior. Así como se consolidaron Revista de Revistas, Jueves de Excélsior y el Magazine de Policía, que fue fundado en 1940.

Rodrigo de Llano, “Nada menos y nada más que un periodista”, murió el 31 de enero de 1963 en la Ciudad de México. Escribió Sosa Ferreyro en la introducción de Huellas en el tiempo. Rodrigo de Llano fue hijo de José de Llano y Elvira Cantú Treviño; tuvo tres hermanos, José, Enrique y Bertha. Fue quien impuso en Excélsior modernas técnicas de redacción. Sus más cercanos amigos que departían con él fuera de la sede del periódico, en el legendario restaurante Ambassadeur, no le decían como todos, don Rodrigo, sino Skipper, que en español significa patrón.

De la normalización de la crítica. Por Carlos Monsiváis.

El director de Excélsior, indescifrable y previsible, es Rodrigo de Llano, de “la vieja escuela” o de “la Universidad de la Vida”, de las “sesiones de análisis de la política y de la nación” que, a modo de ponencias, se reúnen en comidas prolongadas donde el whiskey y el coñac son los preámbulos de la lucidez. Don Rodrigo se preocupa –mi informante es la Hemeroteca Nacional– por nunca defraudar al Presidente de la República, y para ello combate a los subversivos y nunca informa más de lo debido.

Y si en las manifestaciones los estudiantes o los obreros gritan “¡Prensa vendida!”, en rigor elogian a los periódicos, porque la desconfianza de unos cuantos es la confianza del Lector Que Importa, y de los secretarios de Estado, los gobernadores, los senadores, los diputados, los empresarios, los altos clérigos.  Los lectores comunes y corrientes (todos los no incluidos en la lista anterior) padecen de resignación y cinismo, de indiferencia teatral que al cabo de un tiempo es indiferencia profunda, de recelo que se trueca en alarmismo, de atisbos entre líneas de los hechos probables: “Si mencionan el entusiasmo delirante ante al Informe quiere decir que a lo mejor no todos se durmieron”. En febrero de 1917, un mes antes de la aparición de Excélsior, Alducin contactó hasta Nueva York a De Llano. La idea era que formara parte del nuevo proyecto periodístico. De Llano, que estaba a punto de cumplir 27 años —nació el 5 de abril de 1890 en Monterrey, Nuevo León— y que entonces ya tenía once años como periodista, publicó su primera nota periodística en el Monterrey News, en 1906.

De office boy a periodista

Con la primaria terminada en el Instituto Laurens, en 1905, De Llano empezó a trabajar como office boy en la American Smelting and Refining Co., en Monterrey. Un día que la empresa recibió la visita de importantes personajes para sus negocios, a De Llano se le ocurrió escribir una crónica sobre el hecho. La cuartilla redactada por el joven De Llano fue llevada por él mismo hasta el buzón delMonterrey News, un periódico propiedad del coronel estadunidense Joseph Andrews Robertson, uno de los pioneros de la industrialización de la Sultana del Norte….

….Mientras el trabajo de De Llano desde Nueva York posicionaba a Excélsior como un periódico global, Alducin hacía crecer a su empresa. En 1922 El Periódico de la Vida Nacional empezó a engrandecerse, tuvo un edificio propio, maquinaria nueva, estación de radio —que fue la más potente de la época— y embalado por la presencia de Rodrigo de Llano, inclusive una página en inglés.

En los primeros días de 1924, Alducin le pidió a De Llano que viniera a la Ciudad de México. Alducin sabía que el entonces director de Excélsior, José E. Campos, no estaba a gusto y que pronto dejaría la responsabilidad. Fue entonces que Alducin le ofreció a De Llano la dirección del periódico. De Llano la rechazó, alegando que no quería desplazar a nadie, pero Alducin insistió. El 11 de marzo de 1924, según la historia oficial del diario, De Llano tomó la riendas del rotativo de forma provisional y puso en marcha una novedosa forma de hacer periodismo en México, lo que había aprendido del quehacer informativo de Estados Unidos. El 19 de marzo de 1924, cuando Excélsior llegó a su séptimo aniversario, 10 mil aparatos de radio pudieron captar la señal de una nueva estación de radio: Excélsior Parker CYX, entonces la más potente de América Latina, que inauguró sus transmisiones con un concierto de Manuel Lerdo de Tejada.

El 29 de marzo de 1924 murió Rafael Alducin. Dos días antes, el 27, Alducin cayó del caballo que montaba al salir del Bosque de Chapultepec. El caballo se asustó con el sonido del silbato del tren eléctrico que iba hacia el entonces pueblo de San Ángel y Alducin fue a dar a una cerca de alambres de púas. Excélsior se desestabilizó con la muerte de Alducin. Las riendas de la sociedad anónima las tomó la viuda del fundador del periódico, Consuelo Thomalen. Pero las cosas no salieron bien. El primero de abril de 1929, De Llano dejó la dirección; su lugar fue ocupado por Manuel L. Barragán y De Llano regresó a Nueva York para seguir con su vida allá.

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