Jesús Gómez Fregoso…

Jesús Gómez Fregoso

Jesús Gómez Fregoso

Peña Nieto está por iniciar su tercer año: casi en la mitad de su sexenio. Habitualmente el Ejecutivo se encuentra en el principio del apogeo de su mandato, sin olvidar que muchos de nuestros expresidentes no lograron comenzar su tercer año. Algún amigo cercano a Peña Nieto, para animarlo y echarle porras, le podrá hacer un recuento de todos los presidentes entre Guadalupe Victoria y Don Benito que no tuvieron la fortuna de comenzar su tercer año en la silla presidencial. Vicente Guerrero, que acompañó a Iturbide en la entrada triunfal del Ejército Trigarante a México al consumar la independencia, ni siquiera duró un año y fue fusilado por “traidor” igual que Iturbide. Somos un país ultrasurrealista: fusilar a los que consumaron la independencia. Los que sucedieron a Guerrero tampoco pudieron comenzar su tercer año en el poder: José Ma. Bocanegra, el triunvirato de Pedro Vélez, Lucas Alamán y Luis Quintanar, luego Anastasio Bustamante, Melchor Múzquiz, Manuel Gómez Pedraza, Valentín Gómez Farías, Don Antonio López de Santa Anna, que aún no era su Alteza Serenísima. Después ocuparon la silla presidencial Gómez Farías por segunda vez, Santa Anna por segunda vez, luego por tercera vez Gómez Farías y Santa Anna. Luego, sin que hubiera habido ningún escándalo parecido a los recientes del estado de Guerrero, la República Federal cambió a República Central y ninguno de sus ocho presidentes comenzaron su tercer año en la silla: Miguel Barragán, el jalisciense José Justo Corro, Anastasio Bustamante, Javier Echeverría y otra vez Bustamante y, para consuelo de Peña Nieto, digamos que esos ocho presidentes, todos juntos, apenas “gobernaron” tres años.

En aquellos anteantieres de los primeros años de nuestra vida independiente no se conocían las manifestaciones con pancartas, ni los plantones. La quema del Parian, en lo que ahora es el Zócalo de la ciudad, se dio por aquellos años, en fecha que no recuerdo; pero ciertamente fue un juego de niños comparado con lo ocurrido en los últimos años en la capital, en Oaxaca, en Guerrero, en el Zócalo. Ciertamente ningún presidente aprovechó las tragedias del momento para irse de gira al extranjero.

Una ventaja de aquellos años es que no había partidos políticos y el Estado no malgastaba sus recursos en financiarlos. Otra ventaja es que tampoco se malgastaba el dinero en el Senado que, si mal no recuerdo, se inventó hacia 1875.

Para tranquilidad de Peña Nieto y de los mexicanos de 2014, digamos que después de los tiempos arriba reseñados, a partir de 1844, después de la Primera República Central, llegó el “Ejecutivo Provisional”, luego la Segunda República Central, y después, 1846, la Segunda República Federal, luego el Régimen Aconstitucional Centralista con Antonio López de Santa Anna para rematar con el régimen aconstitucional de Martín Carrera, 1855, Juan Álvarez e Ignacio Comonfort, antes de que llegara la Tercera República Federal, con la novedad de que teníamos simultáneamente dos Presidentes: el liberal y el conservador y, por si fuera poco, llegó el Segundo Imperio enfrentado a la República Federal encabezada por Don Benito, que luego , después de fusilar a Maximiliano, 1867, encabezó la Cuarta República Federal .

Cuando me siento más pesimista y deprimido al ver la situación de nuestro pobre país, surgen rayos de luz, motivos fundados para la esperanza y el optimismo: si aguantamos once veces a don Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón, recordado como Santa Anna, hay motivos para pensar que México no se hundirá, como no se hundió con los 70 años ininterrumpidos del PRI, que luego, después de 12 años, volvió al poder. Las líneas de arriba en que hablé algo del caos de nuestros presidentes en el siglo XIX son sólo un aspecto de nuestra increíble realidad de entonces: prácticamente desde 1810 hasta 1877, al llegar Porfirio Díaz, nuestro país vivió en guerra, civil o extranjera, sin comercio, sin industria, sin comunicaciones, sin educación superior, sin programas sanitarios; pero sobrevivió. Los terremotos, los ciclones, el cada día más poderoso narco infiltrado en el Gobierno, la corrupción, el fraude, la inseguridad, el fraude con veinte mil vertientes, los errores garrafales de la clase política o han logrado sin embargo, el caos inédito de nuestra vida política no presagia tiempos mejores. Sin embargo, el país sigue adelante.

Jesus Gómez Fregoso

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