Hugo Gutiérrez Vega

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“El periodismo cultural busca inquietar, y la felicidad”

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Posición. Hugo Gutiérrez Vega entiende por cultura donde se incluyen aspectos económicos, sociales y políticos. ESPECIAL
    • Medios de comunicación
    • Por: Eugenia Coppel

El poeta y periodista Hugo Gutiérrez Vega señala que no es lo mismo vender salchichas que vender ideas.

GUADALAJARA, JALISCO (07/JUL/2013).- Los suplementos culturales como el que tiene en sus manos –o que probablemente lee en línea— son “Robinsones” de la actual crisis del periodismo. Sobrevivientes informativos que, para Hugo Gutiérrez Vega (Guadalajara, 1934), desempeñan funciones nada desdeñables: “Abren el apetito intelectual e invitan a profundizar; fomentan la lectura y la curiosidad; desarrollan el espíritu crítico y la inteligencia”.

Pero la lógica empresarial en la mayoría de los diarios, es similar a la de los países en crisis económica: los primeros recortes van hacia la cultura. Difícilmente se verá que se eliminen las secciones de sociales o policiacas, dijo el intelectual tapatío, “porque en sociales se paga por salir y en la policiaca se paga por no salir”.

A punto de convertirse en un octogenario, el periodista, poeta, diplomático, abogado, actor y director de teatro, se considera afortunado por estar al frente de uno de los suplementos que se mantienen vivos en México: La Jornada Semanal,  donde cada domingo publica su columna “Bazar de Asombros”.

Su labor desde hace 15 años, explicó en el restaurante de su hotel en Guadalajara, consiste en dirigir un grupo de periodistas especializados en temas de cultura. Pero no sólo en lo que se refiere a las diversas expresiones artísticas, había advertido antes el maestro, sino “entendiendo por cultura lo que Max Scheler llamaba el ‘entorno histórico genético’”, donde se incluyen aspectos económicos, sociales y políticos que son esenciales para observar el desarrollo o involución de una sociedad.

Asuntos como migración, modernidad y posmodernidad, tecnología y deshumanización, temas de carácter político o la historia de las mentalidades, deben ser parte –según el editor— de esa “reflexión semanal sobre el estado de la cultura en el país y en el mundo”. Sin dejar de lado, claro está, la acción de tomarle el pulso a las expresiones artísticas actuales, y “recordar a las grandes figuras del pasado para que su experiencia sea útil a los lectores”.

Objetivos similares, si se analiza, a los de los Estudios Culturales, con los que el periodismo cultural también comparte la perspectiva crítica, seria y reflexiva. Pero a diferencia de los pesados documentos académicos destinados a leerse en el seno de las universidades, el enfoque periodístico “debe ser rápido y ameno”, para atraer al lector en lugar de repelerlo. Debe saber “cómo interesar sin caer en la demagogia”, continuó Gutiérrez Vega, quien suele pedir a sus colaboradores “trabajos periodísticos sobre temas profundos”.

Además de la buena escritura, “el periodista cultural tiene que ser un buen observador de la realidad inmediata, y tener olfato para distinguir qué es lo que interesa y qué es lo que siguen fundamentalmente los jóvenes”.

El autor de obras poéticas como Buscando amor, Cuando el placer termine y Las peregrinaciones del deseo, recomendó la especialización a quienes se dedican al periodismo cultural: “yo les insisto a mis compañeros que se especialicen. Que tengan una información general sobre la cultura y sobre el arte, pero que si les gustan las artes plásticas se enfoquen en eso”. Sobre todo si se consideran –dijo después— las características actuales del mercado.

Del derecho a las letras

Hugo Gutiérrez Vega está convencido de que al tratar temas que humanizan, “el periodismo cultural cumple una tarea civilizatoria en un mundo cada vez más incivil y deshumanizado”. Lo ha afirmado en varias ocasiones, entre ellas en su discurso de agradecimiento al recibir el Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara de 2010.

Desde muy joven debió haber tenido esa intuición, pues empezó a publicar en el suplemento cultural de EL INFORMADOR y en la revista Juventud (de los colegios jesuitas), mientras estudiaba Derecho en la Universidad de Guadalajara. Ya desde entonces se había interesado también por el teatro y la poesía, sin embargo, la oferta universitaria era todavía muy reducida a mediados del siglo veinte.

“No quedaba de otra en Guadalajara si uno tenía preocupaciones humanísticas”, contó el maestro sobre su primera decisión académica: “no había Filosofía, no había Letras, no había Sociología, no había Historia. La Universidad tenía las carreras tradicionales como Ingenierías, Ciencias Químicas, Medicina, Derecho y Contabilidad”.

Después de un año de ejercer la profesión de las leyes, Gutiérrez Vega se dio cuenta de que no era lo suyo y salió corriendo. Sin embargo, en cierto sentido se considera todavía “un abogado de la UdeG”: “Sigo admirando mucho el Derecho; me parece que no sólo es importante para la convivencia humana sino que es una belleza; es precisamente la justicia”.

Al ingresar a la Facultad de Letras en la UNAM fue cuando verdaderamente encontró su pasión. Luego vivió en Roma por algún tiempo, donde continuó sus estudios en letras italianas, dirigió el grupo Teatro Iberoamericano de Roma y convivió con los escritores y poetas Rafael Alberti, Mario Benedetti, Pablo Neruda y Miguel Ángel Asturias.

Antes, durante y después de haber sido miembro del Servicio Exterior Mexicano por 35 años –en los que fue Embajador de México en Grecia, y cónsul o agregado cultural en más de 10 países— Gutiérrez Vega continuó desarrollando, y hasta la fecha, sus aptitudes periodísticas y poéticas. “Pero mi actividad fundamental sigue siendo la poesía” afirmó para corregir después de unos segundos: “o más que actividad, la poesía es mi aspiración fundamental”.

“El periodismo no es negocio”

En casi 60 años, Gutiérrez Vega ha sido testigo de innumerables cambios en el oficio periodístico. Cuando dirigió la Revista de la UNAM –recordó ante unas 30 personas en su conferencia del viernes en Guadalajara— al equipo le tomaba varios días armar las páginas de la publicación mensual, pues era la época del “cúter y el resistol”. Hoy en día, esa tarea se puede lograr en 15 minutos.

Como la anterior, Gutiérrez Vega reconoce otras bondades de las nuevas tecnologías. “Puede haber muchas alteraciones en el trabajo virtual, pero es diálogo y la cultura es diálogo humano”, dijo en entrevista, y afirmó que la mayor parte de los lectores de su suplemento están en internet, y que las redes sociales se han convertido en importantísimas herramientas de comunicación. Hace unos días, incluso, sostuvo un videochat de dos horas en el que respondió las preguntas de sus lectores.

Pero su gusto personal lo tiene muy claro: “sigo pensando que el rito de tomar el café en la mañana y abrir el periódico, el olor a tinta y a papel recién salido de la imprenta, es un rito al que la humanidad no puede renunciar. Como no creo que se pueda renunciar a hacer el amor, a leer poesía, a leer una novela o a ir al cine; son cosas que la humanidad ha inventado y que tiene que conservar a como dé lugar”.

Además es innegable que el avance imparable de la virtualidad, aunado a los elevados precios del papel, son factores que han llevado a la prensa escrita a una situación crítica en el mundo entero. Y a esto se suma que en el México actual –afirmó Gutiérrez en su conferencia— la labor informativa es una de las más riesgosas.

“El periodista en México está sujeto a dos amenazas: si habla, se le castiga; si no habla, se le ignora. El crimen organizado, el narcotráfico, los intereses caciquiles, los grupos políticos antagónicos, todos ellos conspiran en contra de la tarea del periodista. Nunca había sido tan amenazado el periodismo como lo es ahora”.

Otro problema del periodismo, según este observador de la realidad nacional, “es que la mayor parte de los periódicos son propiedad de empresarios que consideran que el periódico es un negocio. Y el periodismo no es un negocio: es un servicio público” –aseguró el maestro— que aunque se sostiene de las ventas y la publicidad, “no se debe guiar por el criterio comercial”.

Reflexión y malicia

Y sobre todo “en un país dominado por ese aparato que es la televisión” –dijo Gutiérrez— uno que enajena a las personas, que fomenta el consumo, y “que responde a las necesidades del sistema capitalista”. En ese sentido, “es responsabilidad de la prensa escrita combatir la enajenación”.

“¿De qué manera? Proponiendo la reflexión sobre distintos temas y teniendo la malicia periodística para escogerlos (…) Porque no es lo mismo vender salchichas que vender ideas. Tenemos la responsabilidad de la seriedad intelectual, de la observación de la realidad inmediata, y de la idea clarísima de que el periodismo tiene que buscar la verdad. Y esto no es demagogia”, advirtió, “lo tiene que hacer a través de la buena fe, de la pericia formal y del estudio de la realidad inmediata”.

Al desafiar a los poderes fácticos, “el periodista cultural es un provocador” y lo que busca –según el tapatío— son fundamentalmente dos cosas: “inquietar y la felicidad, que se encuentra en las expresiones artísticas”.

“Porque es muy difícil vivir sin ver una película, sin leer un poema, sin ir al teatro, gozar un concierto o leer un libro constantemente. Porque si no se hace eso, ¿se puede seguir viviendo?”, se preguntó Gutiérrez Vega hacia el final de su conferencia.

“A la mayoría les vale por que tienen la tele, pero el suplemento demuestra que hay otras maneras de alcanzar la felicidad; que es lo que da el pensamiento crítico, la reflexión y la preocupación por los otros. Creo que esas son las funciones del periodismo cultural”.

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