Jesús Dionisio González

Lo sedujo la radio y así comenzó la historia de Multimedios

Si bien el grupo comprende hoy el canal MILENIO Tv, diarios “MILENIO” en varias plazas del país, un portal de noticias y una editora de libros, entre otros medios, todo inició cuando un inquieto Jesús D. González compró en 1933 la estación XEX.

México  • ¡Cuántas cosas caben en 84 años de trabajo continuo y generoso! El 22 de agosto de 1913, hijo de Francisco González Serna y de Dolores González de González, oriundos de Marín, nació Jesús Dionisio González González. Tras aprender los rudimentos del comercio, ayudó a su padre en el negocio del transporte, pero pronto lo sedujo la atmósfera de la naciente radio. Desde los ocho años se dejaba ver en la XEH, entonces dirigida por Constantino de Tárnava, “para aprender”. Pero antes de los 20 años ya era gerente, en Córdoba, de una radiodifusora propiedadde Diódoro Zúñiga. Y aunque fue publicista en Coahuila y gerente de una cervecera, estaba clara su inclinación por los medios: apenas volvió a Monterrey, en 1933 le compró la radiodifusora XEX a Federico Zertuche.

Don Jesús, hombre de familia, se unió con la joven española Florentina Sánchez Balbín y con ella procreó dos hijos, Dolores y Francisco Antonio.

En su estación se transmitían programas musicales, radionovelas, concursos y eventos deportivos, y por sus micrófonos pasaron estrellas como Pedro Infante, Pedro Vargas y el inolvidable Eulalio González, El Piporro.

Las siglas de la estación se fueron a México, a petición del gobierno federal, y fue así como nació la actual XEAW en la ciudad de Monterrey como la radiodifusora raíz de Multimedios, en los 1280 kHz de amplitud modulada. Eran tiempos aciagos, con el mundo envuelto en una guerra mundial, y los micrófonos de XEAW comunicaron la histórica visita del presidente de Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, quien vino a la ciudad a invitación del general Manuel Ávila Camacho. Todos recordamos que don Jesús, hombre orquesta en las estaciones de radio, era poseedor de la licencia de locutor número 99. Hoy día el grupo tiene 51 estaciones en gran parte de México, adicionalmente la empresa adquirió frecuencias de FM en Madrid, España.

Durante la presidencia de Adolfo López Mateos, don Jesús presidió el consejo de la Cámara Nacional de la Industria de la Radio y la Televisión, y años después el grupo creció, pues el 24 de febrero de 1968, ya con la insignia de Grupo Estrellas de Oro, el entonces gobernador de Nuevo León, Eduardo Elizondo, inauguró la televisora XHAW-TV Canal 12. Ese día se iniciaron las transmisiones desde un pequeño estudio instalado en el piso 28 del Edificio Latino. La primera película que disfrutaron los regiomontanos fue: El último cuplé, con Sarita Montiel. Y si bien se empezó a transmitir en blanco y negro, con equipo muy incipiente, antes de un año ya se tenían instalaciones para grabar en color y para 2003 se había completado la migración a tecnología digital. Hoy, los 13 canales de televisión del grupo llegan a cinco estados de México y a Estados Unidos; y el canal noticioso nacional, MILENIO Televisión, referente informativo en la tv de paga en el país.

El 22 de noviembre de 1974 el grupo se amplió hacia el mundo impreso con la aparición del periódico El Diario de Monterrey, que se transformaría con los años en MILENIO Monterrey. La red de diarios creció primero a nivel regional y desde enero de 2000 se publica en la capital del paísMILENIO Diario. La oferta de contenidos consta hoy de una red que abarca 18 periódicos en todo el país, tiene una sólida presencia en internet mediante milenio.com, y una pujante editora de libros.

El grupo Multimedios comprende además de Inmuebles, Outdoors (anuncios exteriores) y Fibra Óptica en el noreste del país, ofreciendo servicios de televisión, banda ancha y telefonía.

El inquieto empresario regiomontano nacido en Marín no se conformó con construir compañías exitosas. También dedicó tiempo, recursos, talentos e interés a la obra comunitaria, a proyectos al servicio de la comunidad regiomontana. Gracias a sus esfuerzos nacieron el Hospital Infantil, la Maternidad Lolita, el Instituto para la Prevención de la Ceguera, el Templo de Nuestra Señora de Guadalupe y, en sus últimos años, un banco de sangre que lleva su nombre y que recolecta sangre para donarla gratuitamente a hospitales en toda la República Mexicana.

“Hemos sido forjadores de un trabajo que nos enorgullece a todos”, dijo en una ocasión don Jesús. Hoy, a quince años de su partida, los siete mil quinientos empleados de las empresas que él fundó las hacemos nuestras, como continuadores de su esfuerzo y copartícipes de su orgullo.

La huella memorable

Hace 15 años se fue don Jesús Dionisio González. Las páginas de “El Diario de Monterrey” reflejaron el estupor, la sorpresa, el dolor. La pluma de Jorge Villegas, con este artículo, recuperó para la comunidad el valor de un hombre que fue a la vez empresario y filántropo. Quince años después, las palabras de Jorge Villegas conservan su validez; el legado de don Jesús Dionisio González aún desafía cotidianamente a las grandes familias de Multimedios y “Milenio” a trabajar de firme sin perder la brújula.

Don Jesús Dionisio González ya descansa en paz. Lo vamos a extrañar, con su vozarrón de trueno y su bonhomía a flor de piel. Pero quien quiera recordarlo de aquí en adelante, sólo tiene que pasear la mirada hacia los cuatro rumbos cardinales. Por donde quiera advertirá los frutos de su esfuerzo visionario, pionero y filantrópico.

La simiente que sembró ha fructificado en abundancia. Sus sueños de una red de comunicación integral, de instituciones sólidas de asistencia social, generaron empresas múltiples, organizaciones filantrópicas de alta rentabilidad social. Ambas, las empresas de comunicación y las instituciones de servicio, dan testimonio de su paso y confirman el tino de la mano que las sembró.

Sólo él y un puñado de regiomontanos creían en las posibilidades de una estación de radio en los tiempos heroicos de la comunicación. Don Jesús perseveró. Aunque tuviera que abordar a los amigos en la mesa del café. Aunque tuviera que ceder las siglas originales de su radiodifusora, la XEX, para que bautizaran a una emisora continental.

Hombre intuitivo y laborioso, supo percibir la armonía entre el aire apacible de la provincia y el espíritu emprendedor que palpitaba bajo la camisa de los regiomontanos.

Creció y crecieron sus negocios con el auge económico de Monterrey. La semilla radiofónica se multiplicó hasta transformarse hoy, a su muerte, en un consorcio que comprende radiodifusoras, televisoras, periódicos, televisión por cable, Internet por cable, espectaculares, telecomunicación. Lo que hacía con la radio en sus días de pionero, lo repetiría cuando abrieron sus puertas el Canal 12 o El Diario de Monterrey: era el más tenaz vendedor de espacios, tiempos y suscripciones. Personalmente, a todas horas, en cualquier parte. Pero si en una bolsa del saco traía el talonario de las suscripciones, del otro, invariablemente, extraía boletos para rifas, bonos o cualquier título que le permitiera recabar fondos para obras de beneficencia; para un asilo manejado por religiosas, para la escuela de invidentes, el banco de sangre y muchas otras cruzadas. Militó en clubes de servicio, fundó instituciones e incursionó en el servicio público, con un ideal sin titubeos: servir a la comunidad.

La otra constante en su conducta era su vocación de servicio público. Apenas llegaba a sus oficinas y llamaba a locutores y periodistas: “Es el colmo, les decía, cómo desperdician el agua en las casas de Monterrey. Desde hoy, hay que recordarles a las amas de casa que las banquetas no se riegan, se barren”. Su cruzada sería acogida más tarde por la empresa Agua y Drenaje, convirtiendo a Monterrey en la ciudad con la más sólida cultura del agua.

Era la imagen misma del hombre curtido en el trabajo duro. Combinaba esa reciedumbre con una vena de poeta y compositor que deja docenas de canciones. Otra característica muy suya era su patriotismo elocuente. En los editoriales, en la información misma, reclamaba que fueran críticos pero no destructores de las instituciones, de los valores, de la religión. Sus telefonemas a El Diariolos tomábamos con el periódico del día en la mano. Ya sabíamos que habíamos infringido su tabla de valores, con una noticia estridente, con un editorial hiriente.

No fallaban sus amonestaciones pero tampoco fallaba el pastel gigante que nos enviaba el día del aniversario del periódico. Y las enormes roscas de Reyes del 6 de enero. En Multimedios deja don Jesús una huella imborrable. Y nos deja mucha tarea: preservar como norma de vida y expresar en un manual de conducta los valores que él podía propalar y defender sin cegarse por lo mercantil o las presiones del entorno. Necesitamos poner en blanco y negro, a la vista de todo nuevo comunicador, la tabla de valores que nos hereda. Nos deja su exigencia de las aportaciones a los medios suyos: mentes lúcidas, de emprendedores asertivos pero combinados armoniosamente con el humanismo en mangas de camisa que caracterizaban a la W desde sus primeros días.

Los negros crespones sobre las puertas de nuestras empresas dan cuenta de nuestra tristeza por la partida del fundador.

Pero no deben llamar a engaño. El mandato de don Jesús es que los medios tienen que cumplir su misión ininterrumpidamente, ahí donde haya un lector, un radioescucha, un televidente.

El mejor homenaje, pues, lo rendimos a don Jesús entonando el himno del trabajo fecundo y creador. Cotidianamente, a todas horas, con un patriotismo intransigente, con una tenacidad para el servicio que no se rinde.

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